Adrogué y Cremona, flamantes 6tos Danes

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En el mes de diciembre de 2009 fuimos examinados para la categoría de 6to Dan Marcelo Cremona y yo por una mesa de lujo, integrada por el Gran Maestro Han Chang Kim -9no Dan - y el Mtro. Pedro Florindo -8vo Dan.

El Mtro. Kim es el decano de los taekwondistas argentinos, quien introdujo oficialmente la disciplina en la Argentina a pedido del Gral. Choi Hong Hi en 1967. Es una persona extraordinaria, a quien he visto manejarse en distintas situaciones personales con una humildad y sentido común que por momentos a uno le hacen olvidar que es el mismo ante cuya llegada un estadio de más de un centenar de personas enmudecía en respeto. Aquel que hacía proezas físicas que aún hoy maravillan a los veteranos que tuvieron el privilegio de presenciarlas. Es el mismo maestro tan gentil como exigente, que siempre predicó con el ejemplo, cuyos exámenes reprobaba frecuentemente cerca del 30% de los postulantes porque no estaban a la altura del nivel que esperaba. Me une a él una relación de afecto y admiración. Y respecto del Mtro. Florindo, practicante desde 1968, es poco todo lo que pueda decir. Es mi Sabom, de quien he aprendido en Taekwon-Do casi todo aquello que no se aprende solo; me enseñó a mirar y a entender lo que veía en otros maestros. Enseñado por Lee y Yang, considerados entre los mayores técnicos del Taekwon-Do llegados de Corea, Florindo fue un alumno ejemplar, embargado por un enamoramiento insuperable por las artes de combate, una capacidad inusual para analizar y explicar el movimiento corporal, y una fortísima experiencia como practicante, competidor e instructor. Pedro siempre quería aprender más, al día de hoy insaciable en su voracidad de conocimiento a pesar de ser una enciclopedia viviente en lo que hace a la técnica del Taekwon-Do.

Ambos a punto de cumplir 27 años de práctica y 42 de edad, con Marcelo íbamos a tener la posibilidad de rendir examen ante dos verdaderos maestros, en una actividad donde lamentablemente es difícil encontrar trigo entre tanta paja. Podríamos mostrar –casi mejor dicho, “rendir cuenta”- la técnica y nivel al que hemos llegado con el Taekwon-Do que nos enseñaron. Además, en nuestro carácter de instructores íbamos a presentar a rendir en el mismo examen a mi alumno Leonardo Di Lecce, para 4to Dan, y Federico Canavese –alumno de Marcelo- para 3er Dan.

El examen tuvo lugar en mi dojang a tres cuadras del Obelisco. Fuimos examinados en todos los aspectos clásicos de nuestro arte marcial, con los requerimientos y las exigencias propios de cada categoría: movimientos básicos combinados, técnicas de patada tanto en cámara lenta como en combinaciones con palmetas, formas, combate a un paso, defensa personal, combate libre y varias roturas. El contenido del examen fue combinación entre aquello que queríamos mostrar y las inesperadas exigencias de la mesa.

A diferencia de lo habitual, el evento no fue a puerta cerrada, sino que desde atrás de un blindex pudieron observar el examen alumnos, personas allegadas e instructores cercanos con quienes quisimos compartir un momento tan importante para nosotros. Se sumaron también para colaborar instructores integrantes de nuestro grupo: Alejandro Novas, 4to Dan, y Norman y Nydia Rodríguez Yolando (4to y 1er Dan respectivamente, quienes viajaron desde Necochea), así como Ezequiel Quaine y Christian Amorós, quienes sufrieron estoicamente golpes, torsiones y derribos.

A lo largo de las dos horas y media de intensa actividad pudo apreciarse una interesante muestra de cómo evolucionan los practicantes al verse tres momentos de su carrera: Di Lecce y Canavese, quienes con veintitantos años y transitando su segunda década de práctica, demostraron una notable capacidad física y habilidad en la técnica del Taekwon-Do; Marcelo y yo, que venimos practicando ininterrumpidamente desde 1983, en varios momentos usamos las mismas técnicas que nuestros alumnos, pero con un dominio superior (apreciable especialmente en nuestras roturas y movimientos de defensa personal, que nos permiten aún sonreír ante los más jóvenes diciéndoles que van a tener que seguir practicando si nos quieren alcanzar); y finalmente varias muestras por parte del Mtro. Florindo, de 60 años, quien en el modo de resolver ciertos desafíos técnicos demostró un notable dominio, mostrándonos que todavía nos falta bastante.

El Mtro. Kim añadió en varios momentos observaciones precisas que denotaban que su ojo crítico está intacto, insistiendo con indicaciones que apuntaban a tener presente la esencia marcial del Taekwon-Do, especialmente en el modo en que debía ser vivido y practicado el combate: intensidad, control y precisión.

En un gesto hacia el Mtro. Kim y como prenda de unidad de esta disciplina, adicionalmente a las formas correspondientes al estilo ITF, Marcelo ejecutó el pumse Koryo (de estilo kuk ki-WTF), y yo ejecuté la forma Mugung Hwa, que había presentado en Corea el año anterior por indicación del propio Mtro. Kim.

Así, el examen cumplió una triple función: además de ser una evaluación en la que nos veíamos presionados al enfrentar examinadores de tal jerarquía, por momentos las indicaciones de la mesa transformaron la ocasión en una clase magistral, y también hizo las veces de celebración, pues tanto Marcelo como Leo, Federico y yo pudimos compartir orgullosamente con otros practicantes y la gente de nuestros afectos el fruto de nuestras largas horas de práctica.

De todos modos, como pasa en todo examen, también surgieron cosas que uno podría estar haciendo mejor, que hay que mejorar bastante. Como decía un conocido maestro, esto es como barrer un sendero de otoño: uno va despejando algunas hojas, pero siempre hay otras y uno parece nunca terminar.

El cierre estuvo a cargo del Mtro. Kim: “En mi vida he visto muchos grupos de Tae Kwon Do, de distintas calidades. Lo que vi hoy acá tiene un nivel muy alto. Excelente Muy bien. Van a ser ejemplo para toda Argentina”. Tiene razón, en las ganas que tenemos de hacer las cosas bien, ahí sí probablemente seamos ejemplo.

Manuel E. Adrogué

 
 
   
 
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